Hace tiempo me enseñaron unas pruebas que había realizado el implantador del software acerca del funcionamiento del sistema y me dijeron que eso era la validación. Mi primera reacción fue de incredulidad y sorpresa. A continuación empecé a revisarlas, manteniendo el mismo nivel de desconfianza. La cara me iba cambiando poco a poco… había un nivel de detalle al que yo nunca habría llegado. Y no sabía muy bien qué hacer con ellas.

Mi aplicación dogmática de la metodología de la validación me ponía en cuestión lo que estaba viendo. Eran pruebas que estaban muy bien hechas, se probaba todo o casi todo (si había cosas que no se probaban tampoco lo tenía objetivamente claro). Sabía que era una osadía el pensar que aquellas pruebas eran toda la validación del sistema informático. ¿Pero cómo desaprovechar todo aquel ingente trabajo? ¿Cómo le iba a decir a QA que aquello no era la validación y que tenía que hacer más cosas? ¿Y cómo le iba a decir que, a pesar de tener las pruebas, son muchas las actividades que no recogían aquel legajo de verificaciones? Presentía que me estaba metiendo en un jardín del que era difícil salir indemne.

Desde entonces ha llovido mucho, y nadie cuestiona hoy en día que las pruebas realizadas por el implantador/suministrador son de gran valor. Pero cuidado, no son el todo, tan solo son una parte de la validación.

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