Las empresas integradoras de sistemas de control y automatización de procesos se encuentran a menudo con una barrera que parece infranqueable: si quiero trabajar para la industria farmacéutica, me piden un conjunto de pruebas que no sé muy bien en qué consisten y no sé si yo las puedo hacer. ¡Me piden documentación de cualificación!

A menudo la sensación general es que el sector farmacéutico está envuelto de una áurea de misticismo que lo hace inaccesible para las empresas que no tienen experiencia previa en el sector.

Hace poco hablaba con un ingeniero de una empresa integradora de sistemas de control y entendía que si quería desarrollar proyectos en la industria farmacéutica, tenía que dar un paso adelante, y afrontar con profesionalidad y rigor (y con cierto temor la primera vez) los retos que les plantea el sector: preparación de protocolos de IQ, OQ, FAT, SAT… elaboración de una documentación detallada de toda la implantación y funciones, verificar la instalación y su funcionamiento  y documentar adecuadamente todas las tareas realizadas.

Aquellos integradores que hace tiempo que han entrado en el sector y cumplen con estos requisitos, han aprendido que este método de trabajo han aportado calidad a sus productos y los tiempos de implantación quedan mejor acotados y la dedicación requerida inicialmente ha sido fácilmente amortizada.

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